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Una pulsera viajera lleva nuestro testimonio a un remoto lugar de China

"Veo la humilde pulsera que llevo al lado del reloj y me pregunto si será la chispa que encienda una gran hoguera para dar calor a los que necesitan nuestro apoyo"


Cáritas Madrid. 8 de noviembre de 2018.- Érase una vez una humilde pulsera de goma roja que llegó a la sede de Cáritas Vicaría I hace unos meses en una gran bolsa repleta de pulseras idénticas a ella. Allí permanecieron un tiempo, aletargadas, sin saber cuál iba a ser su historia… Todas llevaban un lema “Tu compromiso mejora el mundo”.


Las pulseras hablaban mucho sobre su futuro mientras permanecían encerradas en un rincón de nuestra vicaría, “yo quiero jugar con los niños” -decía una de ellas- y “yo acompañar a un anciano” –comentaba otra-, “pues a mí me gustaría poder consolar a un enfermo”… “yo quiero ver mundo y llevar mi mensaje a remotos lugares” dijo la protagonista de nuestra historia.


Llegó una hermosa mañana del mes de mayo en que se celebró el Día de Caridad y todas las pulseras salieron de la bolsa para cumplir su destino. Tuvieron la suerte de nacer en un día de fiesta y las colocaron en una mesa con manteles rojos, con globos, caramelos, folletos y huchas. Allí se acercaban mujeres que iban al mercado, niños que salían del colegio, jóvenes pegados a una cosa que le llamaban móvil… Y descubrieron que tenían un gran poder al ver la ilusión reflejada en los ojos de su nuevo amigo, que las alejaba de sus hermanas para cumplir su misión.


Quiso la providencia que nuestra protagonista acabara en la muñeca de Carmen, una voluntaria de Vicaría I que la lleva consigo allí donde va. Llegó el verano y Carmen se fue de vacaciones con su nieta a China. La pulsera estaba emocionada con el viaje. Acompañó a Carmen a sacar los visados, preparó las maletas, pasó los controles de seguridad, estuvo muchas horas en un avión y recorrió hermosos lugares de un país muy diferente donde se comía con palillos y no se entendían ni los carteles de las tiendas.


Así llegaron a un lugar llamado Luoyang donde una guía se fijó en ella y le preguntó a Carmen por qué la llevaba. Carmen le explicó su labor en Cáritas y le dijo que la pulsera era una forma de dar testimonio de su compromiso con los más necesitados. La guía le pidió la pulsera porque quería explicar a su hijo lo importante que es ser solidario con los demás. Y allí se quedó la pulsera que quería ver mundo y llevar nuestro mensaje a remotos lugares… Nunca llegaremos a saber si nuestra protagonista será el germen de una vida dedicada a los demás, pero ha iniciado un viaje hacia un hermoso futuro.


Veo la humilde pulsera que llevo al lado del reloj y me pregunto si será la chispa que encienda una gran hoguera para dar calor a los que necesitan nuestro apoyo.