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Sor Margarita: una vida dedicada al servicio a los demás
Sor Margarita: una vida dedicada al servicio a los demás

Testimonio de Sor Margarita, voluntaria en Vallecas en Cáritas Vicaría IV, desde hace más  de cuarenta años.

 

Cáritas Madrid.  Nos recibe con mucho cariño sor Margarita, Hija de la Caridad de San Vicente Paúl, a Ana y a mí, voluntarios de la Vicaría IV de Cáritas Madrid, en el patio de la residencia que las hermanas tienen en la calle General Martínez Campos, de Madrid. La encontramos haciendo ropa de punto para niños, que se vende luego en mercadillos solidarios.


Antes de sentarnos a charlar con ella dice que “le pregunta al Señor y no le contesta, pero que siempre acaba manifestándose”. Continúa diciendo “hago todo lo que puedo, todo el servicio que puedo prestar, lo presto”.


La charla no sigue un orden o guión bien definido, van surgiendo los temas de forma espontánea y natural, según la hermana va acordándose de las cosas.


Nos habla sor Margarita muy emocionada de monseñor Iniesta, “un profeta, que estaba abriendo caminos”, con quien trabajó muchos años.


Sor Margarita ha sido maestra nacional y se ha dedicado desde los años 70 al trabajo social, con niños deficientes, drogadictos y “lo que se presentara”.


El 16 de septiembre de 1975 llegó al barrio vallecano de la UVA, que entonces era una zona tremendamente marginal. Los curas nuevos que llegaron allí en esa época querían cambiar la parroquia  y el barrio y hacer muchas cosas en favor de los más necesitados. Fue una experiencia preciosa, en palabras de la hermana. Cuando habla de esos años se emociona mucho. Dice que “se veía la mano de Dios allí”. Estuvo trabajando en la UVA más de 40 años, que dan mucho de sí.


La relación de sor Margarita con los “drogatas”, como ella dice, fue muy dura y muy bonita a la vez. Les trataban y acogían con mucho cariño y muchos de ellos morían rápido. “Cada vez que moría uno es como si te clavaran un puñal en el corazón”, dice muy emocionada.


Sor Margarita también nos habló de la asociación BASIDA de Aranjuez, donde trabajó mucho tiempo y se murieron muchos chavales que llegaban enfermos de SIDA ya en estado terminal.


Siempre ha trabajado muy coordinada y manteniendo muy buenas relaciones con todos los estamentos, ayuntamientos, organizaciones sociales, etc. con quienes se ha reunido semanalmente durante años para tratar de solucionar los problemas de la gente.


Especiales recuerdos le trae la pastoral de la Salud, los “derechos de los enfermos” que se elaboraron y todo el trabajo de los voluntarios de Cáritas en los hospitales, experiencia que vivió muy a fondo y cuyo recuerdo vuelve a emocionarla.


Además, durante 25 años ha acompañado a enfermos de peregrinación a Lourdes.


Al hablar de Cáritas, Sor Margarita insiste en que lo que quiere es que se promocione a la persona, no sólo el reparto de alimentos. Nos dice “Cáritas es la Iglesia y la Iglesia es el reino de Dios”.


En la actualidad, Sor Margarita sigue levantándose muy temprano, hacia las siete menos cuarto de la mañana, para orar, luego desayuna, reza el rosario, lee mucho en braille libros que le regalan del padre Ratzinger, del papa Francisco (ha leído todas sus encíclicas) del padre Pagola, Anthony de Mello, etc. También escucha la radio y cintas grabadas con lecturas. Recomienda la lectura de “El aventurero de Dios”, de Pedro Lamet.


Hace punto para vender en mercadillos solidarios, labor que la relaja y gratifica. El último mercadillo para el que están recaudando fondos es para ayudar a una organización de Panamá llamada DARIEN, que se ocupa de acompañar a las mujeres victimas de prostitución.


También llama por teléfono para interesarse por enfermos y personas en situaciones delicadas, sigue en contacto con la gente, pendiente de todo el mundo, muy viva, humana y vital.


En palabras suyas “no soporta a la gente que vegeta”, le da mucha pena, “mucha gente no sabe vivir”.


Dice que actualmente “tiene la libertad de espíritu que le da Dios” y que, a pesar de la edad, quiere seguir haciendo muchas cosas.


Sor Margarita sigue teniendo muy buena memoria, un espíritu muy positivo, mucho sentido del humor, que contagia a los que la rodean y una enorme sensibilidad. No le gusta quejarse y no lo hace, habla bien de todo el mundo, con mucho cariño y da continuamente gracias a Dios por todo lo que le ha dado y por lo bien que está, y eso que está perdiendo la vista y su salud es delicada tras haber pasado por varias operaciones complicadas.


A sus casi 92 años, Sor Margarita,, mantiene la fuerza, la alegría, la ilusión y las ganas de hacer cosas por los demás, especialmente por los más necesitados, que siempre ha tenido.


Al despedirnos de ella, nos regala unas zapatillas de lana hechas por ella y nos enseña muy orgullosa la biblioteca de la residencia, en la que se encuentran auténticas joyas literarias sobre la historia de las Hijas de la Caridad.