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Recuperar la humildad, vivir la eternidad

El equipo de Cáritas en la Vicaría II comparte esta reflexión sobre cómo el coronavirus ha cambiado nuestras vidas, nuestros retos y nuestros tiempos: "Es momento de acordarse de los que no tienen un hogar con internet, libros, confort... Por eso, es momento de trabajar en recuperar la humildad, con sosiego interior, con paciencia personal".



Cáritas Madrid. 27 de marzo de 2020.- Instalados en el desastre total,aunque asoman luces de salida, se nos han derribado las arrogancias, las superioridades y las supremacías. Hemos sido violentados y desnudados existencialmente. Una auténtica mutación de hábitos, actitudes y relaciones. Ya nada volverá a ser igual... y tenía que ser en Cuaresma.¡¡Toma ya!! 


¿Y ahora qué? Pues ahora que nos sobran los relojes y tenemos tiempo, nos toca escuchar el gemido profundo, la angustia de la realidad, mirar de una vez a lo que somos, a nuestras fragilidades, a nuestra consistencia en el amor, a cómo nos relacionamos con la muerte. Esto no va de complejidades ni comerse la cabeza, esto va de asumir de veras la realidad de nuestras vidas. Estar a la intemperie nos empuja, como afirmaba Machado, a que "en mi soledad, he visto cosas muy claras que no son verdad". Tantas reuniones, acciones, proyectos, viajes... todo se ha derrumbado.


El silencio

¿Todo? Todo no, nos queda Jesús de Nazaret. Lo más íntimo se convierte en lo más universal, nuestra sed de verdad, de vivir con solidez auténtica. Además de estar pendientes de las informaciones y disfrutar con lecturas series o películas, el denostado silencio nos invita a adentrarnos en él, pues solo quien hace en sí silencio, puede transformar su entorno. Somos seres agitados que no soportamos el silencio, nos hemos vuelto activistas, pero eso no es tener un compromiso consistente y permanente en el tiempo. Y rechazamos el silencio porque nos señala nuestras pobrezas que no hemos integrado en nuestras vidas. El silencio "nos pasa de vagabundos a peregrinos", dice Pablo D`Ors.


Vuelta a la humildad

Es momento de acordarse de los que no tienen un hogar con internet, libros, confort... Por eso, es momento de trabajar en recuperar la humildad, con sosiego interior, con paciencia personal. La humildad, que es andar en la verdad (Santa Teresa de Ávila) nos adentra en la vivencia de lo eterno, esto es, de esa sabiduría perenne, que no se marchita y nos da frescura para vivir lo que somos, no lo que planificamos  Debemos volver a lo cotidiano sintiéndonos más nosotros mismos. Pero vivir la eternidad es dar un paso más. ¿Cuál es nuestra corresponsabilidad en esta sociedad, cómo ejerzo mi libertad y mi derecho de ciudadanía? Con quién estoy, con quién me relaciono, qué lugares frecuento... dime cómo legitimas lo que hay y te diré lo que no quieres cambiar, dime cómo miras la realidad y te diré cómo quieres transformarla, dime cuáles son tus desvelos y sueños y te diré qué aportas al tesoro espiritual de la Humanidad.


Nos hemos vuelto muy competentes, pero quizá tontos morales, tenemos más datos que nunca, pero somos más idiotas que nunca. A más datos no hay más verdad, simplemente, hay más datos. Estamos más informados, pero sin sabiduría, es una ignorancia informada. Somos una sociedad más vulnerable estructuralmente, de ahí como dice José Antonio Marina, la necesidad de cuidar la felicidad pública, que son los derechos sociales. A problemas estructurales no podemos dar respuestas biográficas, como afirma Bauman. La forma de vivir y ejercer la Caridad también va a cambiar. Nos toca desplegar la épica del cuidado.