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Personas mayores ante todo personas

Antonia, Abelino, German, Esther y tantos otros y tantas otras tienen mas de 65 años, pero es todo lo que tienen en común, en realidad sus vidas son muy distintas y como las de todas las personas, son únicas y valiosas. Como sociedad deberíamos de reflexionar sobre como ha sido el trato que a las personas adultas mayores se ha dado en la pandemia.


Cáritas Madrid. 3 de agosto de 2020.- Al empezar a escribir este articulo me debato entre la emoción, la razón, el dolor en esta realidad vivida por todos y todas, la pandemia producida por lla Covid-19, la situación previa y lo que ha ocurrido en los meses de confinamiento para toda la sociedad y de especial aislamiento para las personas mayores.

 

Doña Antonia no entiende nada, siente miedo, su vida cotidiana se ha roto y sin saber más que que hay un virus muy contagioso y que ella por ser mayor tiene que quedarse en casa como el resto pero con más cuidado porque es de “alto riesgo”. Si no puede salir ¿cómo va a hacer la compra? también tenía que ir al médico… No tiene tarjeta bancaria, se maneja con su libreta de ahorros y ahora ¿cómo va a hacer? Sus sobrinos la han llamado y le han dicho que ya no la recogen el domingo para ir a comer y no saben cuándo podrán volver a verla, viven lejos. Además, tampoco puede asistir al grupo de la parroquia donde se encuentra con sus amigas para hacer actividades…

 

Don Abelino vive desde hace siete años en la residencia. Le han dicho que no puede recibir visitas, ni de sus familiares, ni de los vecinos de antes, ni de los voluntarios que hasta ahora iban una vez a la semana…. También le han dicho que tiene que estar en su habitación y no puede ver a sus compañeros. Y ahora a Amparo, Rosario y el Dr. García, sus cuidadores de años, le cuesta reconocerlos. Vienen vestidos como si fueran astronautas, apenas les entiende lo que dicen con las mascarillas y ese plástico que se han puesto en la cara.

 

El Sr German se encuentra desbordado, su mujer Isabel estaba empezando con esa enfermedad… si, esa con la que las personas van perdiendo los recuerdos, le llaman demencia. Antes de que cerraran el centro de día por la pandemia, la veía mucho mejor, se despistaba un poco, pero con los ejercicios estaba todo yendo más despacio. Ahora además le han cancelado el Servicio de Ayuda a Domicilio que recibía tres días por semana por la mañana para preparar a su esposa para ir al centro de día. Germán no sabe qué hacer; Isabel está muy nerviosa y enfadada y él tiene miedo porque está muy agresiva, le ha levantado la mano dos veces.


Esther toda su vida ha cosido y aunque lo ha hecho para su familia, se maneja muy bien con los patrones y con su maquina de coser. Ve las noticias, no hay material de protección para los sanitarios, ni para el personal de las residencias. Ella conoce la residencia donde está su amiga Elvira. Esther empieza a darle vueltas, tiene que hacer algo… Empieza a pensar y con bolsas de basura empieza hacer batas de protección; con telas que tiene por casa, mascarillas; las hace de doble tela con apertura, ha visto que así son las mascarillas higiénicas y que, si entre las dos telas se pone un filtro, pueden ser muy seguras. Se pone en contacto con sus amigas y empieza la producción. El material es muy bien recibido por los profesionales que le agradecen su trabajo y esfuerzo.

 

Antonia, Abelino, German, Esther… y tantos otros y tantas otras… Tienen mas de 65 años, pero es todo lo que tienen en común, en realidad sus vidas son muy distintas y como las de todas las personas, únicas y valiosas...

 

Me genera dudas si esta “protección por su bien” que se ha desplegado, no ha hecho que nos olvidemos de que son personas adultas y les hayamos tratado como tantas veces tratamos a los niños pequeños, decidiendo por ellos y ellas… Nosotros parece que sabemos lo que es bueno para todas las personas mayores (de 65 a…110?), no hay opción al debate o al intercambio de opiniones. “Regulamos, tomamos decisiones para ellos, pero sin ellos”. Y esto, entre otras cosas provoca que en muchos casos y para muchas decisiones, nos hayamos olvidado de ellos y ellas. Desde el centro de la crisis se decidió no contar con ellos, se tomaron las decisiones y ellos han sufrido las consecuencias.

 

La toma de decisiones siempre implica poner en la balanza al menos dos opciones y optar por una… En esta situación de pandemia global se ha optado por señalar un subconjunto poblacional basado en probabilidad y estadísticas, en función de un rasgo la edad, “mayores de”, se ha puesto en el mismo saco a personas y a sus momentos vitales uniformando como si todos fueran iguales

 

Se han tomado decisiones por ellas sin contar con ellas, desde el criterio del riesgo o fragilidad de salud, excluyendo elementos constitutivos de las personas como son su capacidad de elección y el derecho a tomar decisiones sobre su vida.

 

Todos hemos vivido esta situación de alarma sanitaria con toda la responsabilidad que hemos podido. Nos hemos quedado en casa, hemos sentido incertidumbre y miedo… Pero las personas “menores de 65” no nos hemos sentido señaladas. El riesgo de las personas con hipertensión, diabetes u otras patologías de las personas adultas, se ha señalado, pero a estas personas no se les ha “etiquetado”, no han tenido un “saco propio” y no se han generado protocolos específicos de atención por si el virus les atacaba. No han salido en el telediario como reseña específica, ni hemos visto imágenes de sus féretros, como si las hemos visto saliendo de las residencias.

 

Tarde o temprano la mayoría llegaremos a estar en este saco, el de las personas con riesgo y yo me planteo ¿yo quisiera que decidieran por mí, que, por solo uno de mis rasgos, me excluyeran?¿que por normativa legal dijeran: “tú ya no”? ¿yo quiero estar en un saco? Como sociedad deberíamos de reflexionar sobre como ha sido el trato que a las personas adultas mayores se ha dado en esta situación tan crítica.


Todos queremos tener un buen trato, en todas y cada una de las etapas de nuestra vida, sin que el rasgo edad nuble esta realidad y desde Cáritas seguimos apostando por un modelo sociosanitario integral que realmente asegure una vida digna (física, social, emocional…) a las personas mayores, vivan donde vivan y que reconozca el trabajo de las personas que las cuidan.

 

Concha García

Representante del Área de Mujer y Mayores de Cáritas Madrid.

Artículo publicado en la Revista de Cáritas nº588 con motivo del Día Internacional por los Buenos Tratos a las Personas Mayores.