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Los gritos del silencio

Hay personas, hermanos nuestros, que nos están gritando en silencio su angustia, y nosotros no los oímos.

 

Cáritas Madrid. 17 de mayo de 2018.- Hace unos días participé en el Círculo de Silencio organizado conjuntamente por las Vicarias III y VII con motivo de la Campaña Contra el Paro 2018.


El acto tuvo lugar en la plaza del Callao, en la que, durante 20 minutos de silencio, los más de 70 personas pudimos reflexionar sobre los pensamientos del Papa Francisco que, cada cinco minutos, iba leyendo uno de los participantes.


Parece poco veinte minutos, pero cuando estás de pie, en silencio en medio del ruido de la plaza, en un círculo imperfecto al que de vez en cuando algunas personas se incorporaban y se marchaban, da tiempo para pensar en muchas cosas, y se te vienen a la cabeza muchas preguntas.


Una de las preguntas que me hice puede resultar obvia, ¿servirá para algo este acto?. La verdad es que no sé si alguna de las personas que circulaban por allí pudieron captar el sentido de estar en silencio en medio del ruido propio de una plaza tan transitada. Personas con prisa para hacer una compra, para llegar a una cita, para ir al cine o al teatro, o a su casa... En fin, con tantas motivaciones diferentes, y con tan poco tiempo para pensar en aquellos que desgraciadamente no tienen trabajo, o tienen un trabajo tan precario que solo les permite sobrevivir.


¿Habrá algún parado cerca de nosotros?, ¿qué pensará de nosotros, de lo que estamos haciendo? Eran más preguntas que me asaltaban.


También pensaba en la labor de la Iglesia, nuestra Iglesia, tan denostada últimamente, algunas veces con razón, y muchas más por desconocimiento, una labor que pasa a menudo desapercibida, porque normalmente solo se resaltan las facetas negativas, o solo se habla de la acción de la jerarquía eclesiástica, pero la opinión pública pocas veces se fija en la cantidad de sacerdotes, monjas o laicos que dedican su vida a los demás. En silencio.


Y se olvida la enseñanza de la Iglesia en la defensa de los trabajadores a través de las encíclicas de diferentes Papas, desde la "Rerum Novarun", de Leon XIII que ya en el lejano año de 1891 abogaba por los derechos de los trabajadores, hasta la "Laborem Exercens" de Juan Pablo II, justo noventa años después, pasando por la "Quadragésimo Anno" de Pio XII y la "Mater et Magistra" del para mi inolvidable Juan XXIII.


SÍ, la Iglesia lleva más de 125 años hablando a favor de los trabajadores, y recordando sus derechos, que son los derechos de los hijos de Dios, y SÍ, tenía sentido nuestro pequeño acto, uno más de los muchos organizados por Cáritas ese día.


Y entonces me acordé de una película "Los gritos del silencio", que ya sé que no tiene mucho que ver con el motivo por el que nos reuníamos, salvo tal vez por la angustia que sentían sus protagonistas rodeados por el horror desatado por los jemeres rojos en la Camboya del final de los años 70. Pero, en ese momento el título de la película no dejaba de darme vueltas por la cabeza, tan insistentemente me llegó su recuerdo, que por unos instantes tuve incluso una leve sensación de mareo.


Ahora, unos días después, sigo sin entender muy bien por qué me acordé entonces de la película, tal vez fuera porque la angustia que en algunos momentos deben sentir las personas sin trabajo puede asimilarse a la de los protagonistas de la película, aunque las circunstancias que les rodean sean totalmente diferentes.


Ahora creo que el silencio puede resonar a veces más fuerte que las palabras, y que ese silencio que mantuvimos en la plaza del Callao, sí fue útil, y que la labor de Cáritas, imbuida siempre por la Doctrina Social de la Iglesia, debe seguir ayudando y formando a las personas en paro, e informando a la sociedad de una realidad que está a nuestro lado, y ante la que no podemos inhibirnos.


"Casi sin darnos cuenta, nos hemos convertido en incapaces de sentir compasión por los otros, por sus dramas; no nos interesa preocuparnos de ellos, como si aquello que les acontece fuera una responsabilidad que nos es ajena.” decía el Papa Francisco en su mensaje a la XLIX Jornada Mundial de la Paz en enero del 2016, y ante esta realidad, Cáritas como parte de la Iglesia, y todos nosotros como voluntarios, tenemos que seguir agitando las conciencias, porque siempre hay una responsabilidad compartida.


Porque tal vez hay personas, hermanos nuestros, que nos están gritando en silencio su angustia, y nosotros no los oímos. No porque tengamos taponados nuestros oídos, si no porque tenemos taponado nuestro corazón.