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“Los cursos de Cáritas Madrid me hacen sentir útil y me ofrecen un futuro”
“Los cursos de Cáritas Madrid me hacen sentir útil y me ofrecen un futuro”

Cañada Real: El asentemiento ilegal que pide ayuda a gritos.


Latifa aprovecha muchos de los proyectos que Cáritas Madrid realiza en Cañada Real, como el curso de alfabetización para mejorar su español y el de informática.


“Tenemos cinco hijos, ningún ingreso y vivimos en la Cañada para no tener que pagar ni alquiler, ni luz, ni agua... porque ni mi marido ni yo tenemos trabajo.” Ella es Latifa, una de las mujeres que asiste a los cursos que realiza Cáritas Madrid en el asentamiento de Cañada Real y que agradece cada día la oportunidad de formación que le están dando.


Probablemente es más la gente que desconoce la existencia de este asentamiento que los que saben dónde se encuentra y las condiciones en las que se vive allí. Son sólo 14 los kilómetros que separan La Cañada Real del centro de Madrid. Está al lado de la autopista A-3 y entrar en ella es como cambiar de mundo. En un abrir y cerrar de ojos ya no se ven ni edificios, ni metro, ni autobús, ni comercios, ni apenas luz… ni siquiera asfalto. Sólo arena, barro, charcos, escombros, kilos de basura y filas y filas de chabolas hechas con cualquier objeto que pueda resguardar un poco del frío y la lluvia. También se ven niños descalzos corriendo entre esta basura, ratas, miseria y chabolas a las que ni siquiera llega el agua ni la luz. Un panorama desolador en el que los habitantes luchan cada día por conseguir unas condiciones de vida dignas y un futuro mejor para poder mudarse a la ciudad.


“Cuando vimos la situación de Cañada lo primero que advertimos fue una necesidad de apoyo escolar para los niños y de alfabetización para los adultos”, cuenta Javier Prieto, coordinador de los proyectos de Cáritas Madrid. Además, vieron que la mayoría era población en exclusión, así que empezaron a pensar cómo podían ayudar en mayor medida a la gente joven. “Entendíamos que eran el futuro”, explica Javier Ródenas, trabajador social de Cáritas Madrid. “Si no tenían la oportunidad de estudiar y de tener una formación profesional que les abra perspectivas de cara al futuro les iba a ser muy difícil salir de aquí”, añade. Así que empezaron manos a la obra adquiriendo un espacio y reformándolo para construir un centro educativo, que se encuentra en el sector 6 de la Cañada Real. “La educación es un magnífico medio para transformar las situaciones de extrema pobreza”, asegura Prieto. Hace ya seis años que, gracias al centro, pueden estar presentes y trabajar desde dentro.


El proyecto empezó acogiendo a menores por las tardes y con ellos se desarrolla un proyecto de mediación escolar, en colaboración con distintas Entidades y Fundaciones,  que busca reforzar las habilidades sociales y escolares para los más pequeños. Ahora mismo son 91 niños los que cada tarde acuden a esta antigua fábrica de muebles donde se les ofrece, no solo ocio y refuerzo académico, también cuentan con una merienda, que para muchos es la cena, espacios para la higiene personal: con duchas, sus cepillos de dientes, etc. Además realizan excursiones urbanas durante los fines de semana, e incluso acuden a campamentos de verano durante las vacaciones escolares.


Pero esta atención a los niños es solo una parte del trabajo integral que Cáritas Madrid desarrolla con las familias, a las que apoya en busca de una integración laboral o formación lingüística en castellano.


De aquí viene el trabajo con adultos por las mañanas y ahora ya cuenta con diferentes cursos, un Módulo de Formación Profesional en peluquería para los más jóvenes, conveniado con la Comunidad de Madrid y la Consejería de Educación, y un centro de Intervención Social.


Al centro educativo acuden tanto jóvenes como adultos con problemas de formación. Ahora, son 260 personas de diferentes etnias: población gitana-rumana, gitana-española y marroquí. Y con ellos se trabajan diferentes niveles de alfabetización, habilidades sociales, domésticas… Incluso se ofrecen proyectos únicamente para hombres, dada la dificultad que presenta la etnia musulmana para mezclar ambos sexos.


El curso de alfabetización es una formación fundamental para muchos de ellos. Les permite desde poder ayudar a sus hijos en las tareas escolares hasta poder sacarse el carnet de conducir para poder desplazarse y, por supuesto, acceder a capacitación laboral que les permita especializarse y conseguir trabajo. Ahora son 100 las personas inscritas, explica Javier Ródenas. “Es muy importante la constancia, venir todos los días y por ello tenemos alumnos muy comprometidos”.


El taller de habilidades sociales les sirvió el año pasado para adquirir conocimientos de cultura general. “Estilos arquitectónicos, pintores, historia de España… todo lo que les ayudara a conocer un poco más el mundo en el que viven”, cuenta Ródenas. Este año han empezado a trabajar con la costura aprendiendo el costoso proceso de introducir los adornos a la ropa, con el objetivo de fundar una pequeña cooperativa para realizar indumentaria. “Chilabas, vestidos… La población marroquí conoce y trabaja muy bien la artesanía, por lo que puede tener mucha salida de venta”, aclara.


El módulo de peluquería es una Formación Profesional avalada por la Comunidad de Madrid que tanto hombres como mujeres están aprovechando. Tienen que cumplir unos requisitos de edad, entre 16 y 19 años, plazos, asistencia y competencias para poder adquirirla, por lo que salen perfectamente preparados. Además, realizan prácticas en una conocida franquicia de peluquerías que, además de completar su formación, les ayuda a poder salir unas horas de La Cañada y aprender a moverse por Madrid. “Algunos nunca han salido de aquí y se sienten perdidos”, cuenta Ródenas. “Nosotros les llevamos a Valdecarros y allí, con su abono transporte, cogen el metro. Esto les permite adquirir su autonomía y sentido de la responsabilidad”, asegura.


Muchas de las clases son impartidas por voluntarios. Personas que hacen posible estos proyectos colaborando de forma desinteresada con Cáritas Madrid. Todos vienen de forma altruista.


La Cañada se empieza a deteriorar a partir del Sector 4 y en el Sector 6 es donde se concentra la mayor población y extensión, unas 6.500 personas. Adjunto a esto se encuentra lo que se conoce como El gallinero, el grupo chabolista más pobre de la región. Más de 80 familias y cientos de menores se aglutinan en un paisaje de miseria y suciedad. Elena tiene 25 años y es una de las personas que vive en uno de estos sectores con su marido y su hijo, donde ni siquiera les llega la luz -a la que el resto se engancha-. “Y tenemos agua gracias a Cáritas, ellos nos la traen”, cuenta Elena. “Nos han ayudado tanto… Alimentación, formación… Todo lo que podían hacer por nosotros lo han hecho y lo siguen haciendo”. Ella es una de las poquísimas personas de etnia española que asiste a los cursos de Cáritas Madrid. Recibió formación en peluquería y ahora está cursando informática. “Todo lo que nos enseñan me sirve para el currículum, para aprender sin tener que desplazarme fuera de aquí, porque teniendo un hijo es muy complicado”, asegura Elena. Ahora cobra la renta mínima, con lo que subsisten las tres personas que viven en su chabola. Pero ella lo tiene muy claro: “quiero salir de aquí, no quiero que mis hijos se críen como he tenido que hacerlo yo”.Cáritas Madrid realiza todo esto junto con una importante labor de intervención.


Actualmente, la entidad ayuda, promociona y acompaña a unas 150 familias en intervención directa social y unas 30 con especiales problemáticas sociales. “Con las familias que trabajamos también hemos promovido, con las ayudas sociales que tiene Cáritas Madrid, la salida de la zona”, cuenta Javier Prieto. Las viviendas que ofrece la entidad cuentan con psicólogos, trabajadores sociales y búsqueda de empleo para que estas familias inicien un proceso de normalización. “Aunque es un proceso largo hay familias que lo han conseguido, están trabajando y tienen una vida digna”.


Cáritas Madrid trabaja cada día en red con las entidades que tienen presencia en Cañada. “Compartimos medios, recursos y gastos, porque hay una magnífica relación con todas las organizaciones sociales que velamos por resolver los problemas de La Cañada”, afirma Prieto. Y todos juntos demuestran cada día a las personas que viven en el asentamiento que sí, que  luchando, se puede salir adelante.