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La importancia de ser uno más
La importancia de ser uno más

“Las personas que atendemos necesitan sentir que forman parte de la sociedad. Aquí aprenden que si un día faltan sus compañeros lo notan”.

 “Lo peor de vivir en la calle no es el hambre ni el frío, sino el desprecio con el que mira el resto de la gente”.

 “El objetivo es ayudar a las personas atendidas a recuperar su autoestima, ser capaces de asumir responsabilidades y vivir de forma autónoma”.


Cáritas Madrid. El Centro de Atención Social Ntra Sra. de Valvanera es un proyecto concertado entre Cáritas y  la Consejería de Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid. Cuenta con un Centro de Día y una Residencia. Su creación, en el año 2006, trató de ofrecer ayuda a personas con enfermedad mental grave y crónica, en situación social, sin hogar. Las personas atendidas han sido derivadas al Centro por el Equipo de Atención Psiquiátrica de Calle de la Consejería de Sanidad.


El Centro de Día está abierto mañana y tarde, las personas atendidas pueden hablar con otras personas, tomar un café, desayunar y comer, ducharse, lavar su ropa, además de utilizar todas sus instalaciones.


Por su parte, en la Residencia, los residentes se reparten las tareas domésticas como la limpieza de sus habitaciones, el lavado de su ropa, poner la mesa, colaborar en la preparación de la comida o pequeñas tareas de mantenimiento. 

Como en cualquier otra casa, se encargan ellos mismos de fijar turnos y procurar que la convivencia funcione.  La misión de Cáritas es apoyar a las personas atendidas para que sean capaces de establecer una rutina en su vida, asumir responsabilidades y desenvolverse con la mayor autonomía posible.


El objetivo final de este proyecto es que la estancia tanto en el Centro de Día como en la Residencia sea temporal. Todo está encaminado a que las personas que forman parte del programa consigan su integración en la sociedad, recuperen la confianza perdida tanto en sí mismos como en otros individuos, sepan vivir de forma autónoma y estén capacitados para asumir responsabilidades. “Las personas que atendemos necesitan sentirse parte de algo, de la sociedad. Están en situación de exclusión social grave, por lo que la mayoría no tienen ningún sentido de pertenencia a un grupo”, nos dice Víctor, coordinador del proyecto, y añade que “En alguna ocasión nos han comentado cómo lo peor de vivir en la calle no es el hambre ni el frío, sino el desprecio con el que miran el resto de personas. La indiferencia y el rechazo son mucho más destructivos”.


Debido a las necesidades de quienes acuden a él, el Centro está ideado para ofrecer una atención personalizada e individualizada a cada uno de los personas a las que presta apoyo. Tal y como subraya su coordinador, este valor diferenciador no sería posible sin las personas voluntarias que apoyan a la plantilla del Centro, compuesta por psicólogos, terapeutas ocupacionales, integradores sociales y una trabajadora social.

 “Las personas voluntarias están muy comprometidas y dedican su tiempo y esfuerzo a ayudar a los demás. Sin ellas, sería imposible ofrecer una alta personalización. Algunas de ellas un día están dando una conferencia en el extranjero y al día siguiente están dedicando su valioso tiempo en exclusiva a enseñar español o a leer a una persona.


Se intenta evitar un ambiente institucionalizado, que despersonalice la atención. En palabras del propio Víctor: “Aquí todos nos llamamos por nuestro nombre, conocemos la historia de cada cual, su carácter, lo que le gusta a cada uno y lo que no, se tiene en cuenta la opinión de todos. Estas cosas ayudan a sentir que importas, que eres parte de algo. En Ntra. Sra. de Valvanera somos muy pocos así es que si un día faltas, se nota y el resto de personas preguntan por ti. Si un día alguien está enfermo o triste, el resto se dan cuenta y se interesan. Asimismo, cada uno sabe que no puede descuidar sus obligaciones porque otros dependen de ellos”.


Una de las terapeutas ocupacionales del Centro, Pilar, explica hasta qué punto es importante la opinión de las personas: “Hace algún tiempo incluso se cambió el catering de la comida porque nos dijeron que no les gustaba. Tenemos asambleas una vez al mes en las que todos votamos y damos nuestra opinión. Contamos con un presupuesto y, dentro de ese presupuesto, ellos tienen que gestionarlo. Por ejemplo, todos los viernes hacemos una salida de ocio. Si un día salimos a comer a un restaurante, al día siguiente vamos a dar un paseo a un parque para no gastar tanto dinero. Hacemos lo mismo que hace el resto de gente con su familia y amigos: ir al cine o al teatro, celebrar cumpleaños, salir a jugar a los bolos, ir a la piscina o tomar algo en una cafetería. Hace poco pasamos unos días fuera de Madrid en una casa rural. Estaban todos emocionados ya que la mayoría de ellos no se había ido nunca de vacaciones. Puede que para el resto de personas sea algo normal, pero para las personas que viven aquí dormir fuera es un lujo”.


Tanto Víctor como Pilar coinciden en que conseguir esta integración en el grupo no es una tarea fácil. De hecho, la llegada al centro es el momento más importante de todos: “Este proyecto está pensado para ser flexible, por lo que intentamos, ante todo, adaptarnos a las personas que llegan. Una vez que entran, necesitan un periodo de adaptación. Por eso, nos reunimos con ellos cuando llevan alrededor de un mes con nosotros.  Se dialoga, se negocia y se establecen unos objetivos mensuales. Si los consiguen, se les intenta incentivar con algo. Si no los logran, tenemos paciencia. Por ejemplo, si nosotros queremos que una persona se duche cinco veces por semana y ella se quiere duchar sólo uno, llegamos a un acuerdo de tres. Lo importante es que la evolución sea positiva”.


De acuerdo a este procedimiento, una vez que la persona se encuentra preparada para comenzar su rehabilitación, los profesionales fijan reuniones mensuales con el objetivo de seguir su proceso de adaptación. De esta manera, tratan de ayudarle a reconstruir su historia y elaborar un proyecto de vida, a la vez que se intenta que la persona mejore sus habilidades sociales y sea consciente de que su situación de aislamiento es un problema.


Tienen talleres ocupacionales de fabricación de jabones, velas, cestas de mimbre, bandejas, revisteros o paragüeros, o actividades como jardinería, actividad física, informática, guitarra, relajación, ocio o educación para la salud.  Pero también existe un taller de habilidades sociales. Una de las personas que se encarga del taller de habilidades sociales es Jesús, psicólogo del Centro. Entre sus alumnos se encuentra Luis Felipe, un joven tímido que acude cada día a su sesión con Jesús para trabajar su autoestima, aprender a relacionarse con los demás y adquirir pautas básicas de conducta. “No hay que olvidar que lo que para muchos de nosotros son cosas normales, algunas personas todavía tienen que recuperarlas o aprenderlas. No saben cómo comportarse de manera eficaz, establecer una relación de amistad o desenvolverse en entornos desconocidos”.