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La historia de Rosalba: de ser acogida con su familia en la Parroquia Santa Elena, a voluntaria para ayudar a personas migrantes

 

Rosalba llegó de Venezuela junto a sus hijos y después de vagar por Madrid en busca de un alojamiento, llegó al Centro de Acogida de personas migrantes de Cáritas Vicaría VII en la Parroquia de Santa Elena. Ahora vive en un residencial de Cáritas Diocesana y ayuda como voluntaria en la parroquia que le abrió la primera puerta.

 


Cáritas Madrid. 6 de agosto de 2020.- Rosalba y sus hijos llegaron a la Vicaría VII de Cáritas Diocesana de Madrid desde Veneel pasado 24 de junio. Llevaban varios días deambulando por la calle, pernoctando, no exentos de dificultades, en el Centro de Atención a Personas Sin Hogar de baja exigencia, Pinar de San José. Les dimos acogida en el Centro de Día que Cáritas Madrid, junto a la Parroquia de Santa Elena, ha habilitado hace poco más de un mes para ofrecer un espacio de descanso y acogida a las familias migrantes llegadas a España huyendo de sus paises de origen.

 

A finales de julio, gracias a las plazas de Emergencia vinculadas a la Mesa por la Hospitalidad que Cáritas Diocesana tiene para este tipo de situaciones, Rosalba y sus hijos pudieron acceder a una de las viviendas del Residencial de Cáritas Madrid JMJ 2011. Rosalba agradece inmensamente la acción de la Iglesia de Madrid, a través de Cáritas Diocesana y de todos sus agentes de pastoral, al igual que la generosidad y sensibilidad del párroco, Javier Igea, y de la comunidad parroquial de Santa Elena. Tanto es así, que Rosalba ha decidido quedarse en el Centro de Día para personas migrantes de la Parroquia como voluntaria mientras pueda y no encuentre trabajo.


Cada día, tras desayunar y dejar organizada la comida a sus hijos (de 24 y 26 años) regresa a la Parroquia de Santa Elena para responsabilizarse del cuidado del espacio y de la atención e interés por otras familias inmigrantes que se encuentran en su misma situación de vulnerabilidad. Su hija también agradece la acogida: "Son los únicos que se han preocupado por nosotros y que cuando les hemos referido nuestra situación no han mirado hacia otra parte", señala.


Al igual que Rosalba y sus hijos, ya son alrededor más de una veintena, las personas migrantes que han pasado por el espacio habilitado en Santa Elena en poco más de un mes, desde que se puso en marcha en julio. Pero la experiencia de acogida de Santa Elena no sólo es una ayuda para las personas migrantes, también está siendo una vivencia de "catequización y profundización en la fe" para la comunidad parroquial que lo ha puesto en marcha. "Testimonios como el de esta familia de Venezuela nos recuerda y desvela lo sagrado de nuestra labor y la gracia de estar próximos y poder tender la mano a los preferidos de el Padre", señala una persona voluntaria del proyecto.