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En memoria de Elena, Simona y Vicenta y por todos nuestros mayores

Así los recuerdan las personas voluntarias de Cáritas Madrid que les acompañan y que sienten “tal pasión por lo que hacen, que el voluntariado se ha convertido en parte esencial de sus vidas, y todo lo que acontece con ellos lo viven como allegados”.

 

Cáritas Madrid. 22 de julio de 2021.- Nos cuenta Susana Maestu que “no es fácil” hablar de su labor como voluntaria en Cáritas Madrid acompañando a personas mayores para paliar “la soledad y otras carencias afectivas”. Una situación que se acrecienta con las situaciones de pobreza y enfermedad y que convierte a nuestros mayores en personas aún más vulnerables.

 

Para ello desde Cáritas Diocesana de Madrid contamos con un proyecto específico de Acompañamiento, un acompañamiento que se hace desde la cercanía y el cariño y que se realiza de tres maneras complementarias: en domicilio, telefónicamente o con dispositivos tecnológicos a través de videoconferencias. Las actividades que se hacen con los mayores son muy variadas, pueden ir desde darles conversación o pasear con ellos hasta hacerles la compra o acompañarles a citas médicas. 

 

Las y los mayores llegan a nosotros por diferentes vías, como pueden ser desde las parroquias o Vicarías, de otros recursos de Cáritas o de servicios externos públicos o privados; también hay ocasiones en que llegan directamente o través de sus familiares. En cualquiera de los casos, se les atiende y escucha para darles la mejor respuesta posible a sus necesidades y derivarlos. 

 

Los datos nos demuestran que cada vez son más quienes necesitan este acompañamiento. En el último año hemos atendido a 1.200 personas mayores. Además de la alta demanda, también se agrava la situación en la que vienen; hay muchos casos en los que el mayor está en una situación de soledad extrema, por no tener familia o porque no pueden ocuparse de él.

 

Este proyecto lo llevan a cabo voluntarios y voluntarias con un único fin, el de mejorar la calidad de vida de las personas mayores. Las personas voluntarias se entregan con dedicación, “sienten”, como nos dice Susana, “tal pasión por lo que hacen, que el voluntariado se ha convertido en parte esencial de sus vidas, y todo lo que les acontece en Cáritas y con los mayores lo viven con una intensidad propia de allegados”. Pero además tienen un añadido extra, y es que son en su mayoría también mayores. Representan un modelo de persona mayor activa, que tiene edad y experiencia pero que no está incapacitada para participar en la vida social y contribuir a su mejora.

 

Nuestras personas mayores como herencia de memoria y de raíces, como ciudadanos de pleno derecho, que deben participar en la sociedad para que hay un cruce de generaciones donde todos construyamos un futuro. Así lo entendemos en Cáritas Madrid, donde queremos ponerlos en valor. Son Elena, Simona, Vicenta…y tantos otros.

 

“La vejez es un don y los abuelos son el eslabón entre generaciones, para transmitir a los jóvenes la experiencia de la vida y la fe. Los abuelos son a menudo olvidados y nosotros olvidamos esta riqueza de custodiar las raíces y transmitirlas”, así lo ha señalado también el Papa Francisco al anunciar la I Jornada Mundial de Abuelos y Mayores. Este mensaje, dice Susana, “nos da fuerzas para seguir con más cariño, desarrollando nuestra labor”.