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Cuando la medicina nace del corazón

Una sonrisa, una caricia, o simplemente saber escuchar, es, muchas veces más efectivo que los medicamentos para mejorar la enfermedad de una persona


Cáritas Madrid. 25 de julio de 2019.- Había quedado con Maribel, la responsable del grupo de voluntarios de Cáritas Madrid en el Gregorio Marañón  y que es toda una institución tanto en el hospital como en la Vicaría III, tras 29 años de voluntariado.


Maribel me presentó los voluntarios que prestaban su ayuda ese día: Pilar, Elena, Ana, Olegario, y Mónica (voluntaria invidente) con su perro Tusca. Son parte de las 65 voluntarias y voluntarios que de lunes a sábado dedican su tiempo a acompañar a las personas ingresadas en los diferentes servicios en los que se atiende: hospital general, clínica, geriatría, paliativos, psiquiatría y custodiados (presos).


También estaba Gabriela, estudiante estadounidense de español que consigue créditos para sus estudios universitarios gracias a un Convenio de Cáritas Diocesana con las universidades de Hamilton y de Stanford, por el cual cada año seis o siete estudiantes americanos realizan su voluntariado en el hospital.


Lo primero que me contó Maribel fue el intenso trabajo desarrollado del jueves al sábado anteriores. Realizado a petición de la dirección del hospital (para solucionar un problema puntual producido por las obras), tuvieron que acompañar a unos seiscientos pacientes, desde la entrada habitual (cerrada sin tiempo de avisar con antelación), a los diferentes servicios hospitalarios. Esta colaboración no es habitual, y provocó las reacciones airadas de algunos pacientes, pero ¿cómo no iba a colaborar Cáritas ante un problema inesperado para el que le solicitaban ayuda?


A continuación, me fue relatando las labores ya habituales de estos voluntarios, que emplean su tiempo visitando y acompañando a personas que atención al paciente del hospital les indica que están solas, o prestando su ayuda material a otras personas, que los Servicios Sociales les presentan. Son paceintes que no tienen suficientes recursos, a las que Cáritas les entrega ropa interior, zapatillas, artículos de aseo personal, o a las que se les prestan una televisión en casos de ingresos prolongados. De todo ello se lleva el correspondiente registro, porque aquí no se desaprovecha ni despilfarra nada.


Los voluntarios de Cáritas Madrid también colaboran con el servicio de Urgencias para acompañar a algunos enfermos a otros servicios del hospital. Muchas veces derivan casos a las parroquias o a los Servicios Sociales ya que en ocasiones necesitan ayudas económicas que el hospital no se puede hacer cargo porque no existe un fondo para ello.


Pero lo más importante en este grupo de voluntariado es el acompañamiento. El acompañamiento a el anciano que no tiene familia o con una familia tan ocupada que no tiene tiempo para visitarle; al preso, al que la visita de los voluntarios hace más llevaderos los días en su habitación-celda; al paciente de psiquiatría al que sus familiares no se atreven a sacar a dar un paseo, y que las parejas de voluntarios de Cáritas Diocesana acompañan, a petición del propio departamento, para que después se pueda informar de cómo se desenvuelve el enfermo por la calle.

Todos ellos agradecen tanto una conversación, o una caricia, o esa pequeña ayuda material, que devuelven ciento por uno, porque sienten entonces que no están solos, que hay alguien al que les importan como personas, y que les ayudan a sobrellevar su enfermedad.


A menudo para obtener progresos en la enfermedad, tan importante son los medicamentos, como mejorar el estado anímico del enfermo, y en esta labor colabora nuestro equipo de voluntariado; una sonrisa, una muestra de cariño o simplemente saber escuchar, son más efectivos que un calmante, porque, a veces, el mayor dolor no es físico sino del alma.


Cuando terminé mi visita recordé las palabras de Jesús en el Evangelio: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme" (Mateo 25), palabras que aquí se hacen realidad por amor fraterno.


Amor anónimo que desde Cáritas Madrid se presta a la sociedad de forma desinteresada, y que precisa cada día de más personas para hacer frente a los múltiples proyectos y servicios a los que atendemos.

Me alegré de formar parte de esta gran familia, de aportar mi pequeño granito de arena.