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Algo más que voluntariado

"Los voluntarios nos apoyamos cuando es necesario aunque tengamos asignadas diferentes tareas para que los diferentes proyectos de Cáritas Diocesana de Madrid salgan adelante lo más dignamente posible", explica Luis Tena Revilla, sobre su labor de voluntariado en Cáritas Vicaría III.

 

Cáritas Madrid. 8 de enero de 2020.- La labor de Cáritas Madrid es tan amplia, que muchas veces, gran parte de sus actividades pasa desapercibida incluso para los propios voluntarios. Centrados en nuestras ocupaciones habituales, a veces desconectamos de los servicios que presta Cáritas a la sociedad, y por eso no somos capaces de transmitir a nuestro entorno la auténtica magnitud de estos servicios.

 

Cuando me trasladé a la Vicaría III desde Vicálvaro, donde comencé mi colaboración con Cáritas hace casi siete años, aunque contento porque me acercaba notablemente a mi domicilio, sentía una cierta nostalgia. Pensaba que me alejaba de la atención a las personas que más necesitaban nuestra ayuda para realizar trabajos más administrativos, menos pegados a las necesidades que se multiplican a nuestro alrededor.

 

También me pesaba dejar a las personas que habían compartido conmigo durante varios años ese “sufrir con” los que se acercan a Cáritas, sufrimiento compartido que va generando una especie de relación familiar, en ocasiones incluso con las personas a las que se ayuda.

 

El desconocimiento que entonces tenía de la labor que se realiza en la Vicaría me inducía a creer en una actividad más fría, con menos corazón. Por eso, la relación casi de familia que también he encontrado en la Vicaría III me ha sorprendido tan gratamente.

 

La mayoría de los voluntarios que trabajamos en allí rara vez tratamos con usuarios, pero eso no nos separa de ellos, al contrario, somos plenamente conscientes de sus necesidades, porque todas las campañas institucionales de Cáritas pasan por aquí de camino a las parroquias, y se comentan, y se viven con intensidad. Los problemas de pobreza, paro, inmigración, o de personas sin hogar nos son plenamente conocidos, y con nuestra aportación tratamos de apoyar en lo posible a todas aquellas personas que sí los atienden directamente.

 

Pero, como se suele decir, “la mies es mucha y los obreros pocos”, y todos nosotros nos apoyamos cuando es necesario, aunque tengamos asignadas diferentes tareas, para que los diferentes proyectos salgan adelante lo más dignamente posible. Y con este apoyo mutuo vamos forjando una relación, hablamos de nuestros problemas y también de nuestras alegrías, comentamos nuestras aficiones, nos vamos conociendo un poco más día a día.

 

Hace poco, Pedro nos amenizó la tarde con una interesante charla sobre los templarios, (yo no sabía que él estaba interesado en un tema que a mí también me gusta mucho, pero así es), y con la excusa de su charla vespertina, aprovechamos para reunirnos a comer todos los que ese día pudimos porque no teníamos que volver a Vicaría.

 

Y con esa comida y su charla posterior, o con los cafés del inicio de la jornada, o con cualquier otra actividad que realizamos juntos, vamos “haciendo equipo” como se dice ahora, porque vamos ampliando los lazos que nos unen a Cáritas, y entre nosotros mismos, y también nos reafirmamos en nuestra decisión de incorporarnos a esta parte de la Iglesia Diocesana que intenta dar testimonio del Amor de Dios a los más desfavorecidos.

 

“La caridad es simple: ¡adorar a Dios y servir a los demás! Y este testimonio hace crecer a la Iglesia. (Homilía de S.S. Francisco, 1 de octubre de 2013, en Santa Marta)”. Esta simplicidad nos mueve a trabajadores y voluntarios a intentar hacerlo así desde la trastienda de Cáritas, y de paso, nos va hermanando un poco más cada día. Nos vamos haciendo más familia.